Un letrado contacta con nosotros porque a su cliente le acusan y, como prueba, aporta la otra parte una serie de correos electrónicos impresos. Por lo que nos comenta nuestro cliente, esos correos son falsos.
Cualquier documento que no esté certificado y lleve los encabezamientos técnicos que se puedan comprobar y asegurar que fueron enviados o recibidos, que el correo existió en realidad, aunque haya sido borrado, debe ser impugnado y la prueba anulada.
Cuando se certifica un correo electrónico, se hace siguiendo unos parámetros que aseguren la realidad técnica. En nuestro informe se presentó además, el mismo correo que la otra parte ponía como evidencia vuelto a modificar para que se viera fácilmente cómo es de simple cambiar un texto sobre el papel.