Algo tan simple como que un amigo, la pareja o alguien externo nos cree una cuenta de correo electrónico es suficiente para que nuestra información se vea comprometida. Nos llega un cliente que dice que le leen el correo. Tras una simple prueba, vemos que en la configuración de su cuenta de correo tiene una redirección a otra cuenta, la de la pareja que le creó en su momento el correo.
Es importante que creemos nosotros mismos nuestras cuentas de correo y pongamos como dirección de recuperación otra que también sea nuestra, pero si nos ayudan a hacerla recuerden, al menos, cambiar la contraseña para que la persona que nos ha ayudado no pueda volver a entrar.